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martes, 24 de diciembre de 2013

LEYENDA DE NAVIDAD

Hoy es Nochebuena, y me siento nostálgica pensando en las Noches buenas de mi infancia ,de pronto me he acordado de una Leyenda de Navidad que nos contaba mi abuela cada  Noche buena.
Leyenda de Navidad: Hubo un tiempo en que las calles de Barcelona se teñían de luz de gas al anochecer y la ciudad amanecía rodeada de un bosque de chimeneas que envenenaban el cielo de escarlata. Barcelona se asemejaba por entonces a un acantilado de basílicas y palacios entrelazados en una bruma perpetua. De entre todos sus tejados sobresalía una gran torre de ángulos catedralicios, aguja gótica de gárgolas y rosetones en cuyo último piso residía el hombre más rico de la ciudad, el abogado Eveli Escrutx. Cada noche su silueta podía verse perfiladas tras las láminas doradas del ático, contemplando la ciudad, a sus pies como un sombrío centinela. Escrutx había hecho su fortuna en su primera juventud defendiendo los intereses de asesinos de guante blanco, financieros indianos e industriales de la nueva civilización del vapor y los telares. Se decía que las cien familias más poderosas de Barcelona le pagaban una anualidad exorbitante para contar con su consejo y que toda suerte de estadistas y generalifes con aspiraciones de emperador hacían procesión para ser recibidos en su despacho en lo alto de la torre.Se decía que no dormía nunca, que pasaba las noches en vela contemplando desde su ventanal toda la ciudad de Barcelona y que no había vuelto a salir de la torre desde el fallecimiento de su esposa treinta y tres años atrás.Se decía que tenía el alma apuñalada por la pérdida y que detestaba todo y a todos que no le guiaba más que el deseo de  ver el mundo consumirse en su propia avaricia y mezquindad. Escrutx no tenía amigos ni confidentes. Vivía en lo alto de la torre sin otra compañía que Candela, una criada ciega de la cual las malas lenguas insinuaban que era medio bruja y que vagaba por las calles de Raval tentando con dulces a niños pobres a los cuales no se volvía a ver. La única pasión conocida del abogado, amén, de la doncella y sus artes secretas, era el ajedrez. Cada Navidad, por Nochebuena Escrtux invitaba a un barcelonés a reunirse en su ático de la torre. Le dispensaba una cena de ensueño, regada   de  buenos vinos. Al filo de la media noche, cuando las campanadas repiqueteban en la catedral, Ecrutx servía dos copas de absenta y retaba a su invitado a una partida de ajedrez. Si el aspirante vencía el abogado se comprometía a cederla todas sus riquezas.Pero si el invitado perdía su alma pertenecería al abogado.
Cada Nochebuena Candela recorría las calles de Barcelona en el negro carruaje del abogado en busca de un contrincante para su amo. Mendigos o banqueros, asesinos o poetas, tanto daba. La partida se prolongaba hasta el amanecer del día de Navidad. entonces el contrincante se daba cuenta de que había perdido la partida y pasaba a ser propiedad del abogado.
El abogado entonces salía a las calles heladas de Barcelona con un frasco de  color esmeralda anotando el nombre del perdedor para añadirlo a su vitrina que contenía decenas de idénticos envases. Cuentan que en la última Navidad envió a Candela de ojos blancos y labios negros a recorrer las calles en busca de una nueva víctima .Una ventísca de nieve se cernía sobre la ciudad, sus cornisas y terrados niquelados de hielo. Bandadas de múrcielagos aleteaban entre los torreones de la catedral. Los corceles del carruaje se detuvieron de pronto al pié de la calle del Bisbe. Una silueta  emergió entre la niebla, fundida al blanco de la nieve con un largo velo de novia portando en su mano un ramo de rosas rojas. Candela embriagada por su perfume la invitó a subir al carruaje. Cuando se atrevió a tocarla descubrió que era de hielo.
La llevó al torreón de su amo, y siguiendo ta tradición a la media noche comenzó la partida de ajedrez.
Se dijo que el abogado estaba cansado y dejó ganar a su contrincante, pero la verdad fué que aquella misteriosa jugadora era la mujer del abogado, que cuando supo las maldades de su marido quiso castigarlo.
Destruyendo el castillo en que se había instalado y le prendió fuego, así fué como el abogado Esctrix terminó sus días. 
Y la ciudad volvió a celebrar alegremente las Noches del día antes de Navidad.
Esta historia y muchas otras sobre la Navidad se contaban en casa de mis padres cuando yo era pequeña, en esta noche mágica con los recuerdos infantiles he querido escribirlo por sí alguien lo lee. Navidad del 20013

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